Afectan al 25% de la
población
La alergia y el asma pueden curarse
Según
los especialistas Jorge Emilio y Jorge Federico Bacigaluppi, se logra en más de
la mitad de los casos
§
Proponen la utilización de vacunas
sublinguales que enseñan al sistema inmune a no reaccionar en forma exagerada
§
Los corticoides sólo se reservan para
casos muy severos
Hijo y nieto, respectivamente, de uno de los médicos argentinos que iniciaron la alergia y la inmunología en el país (el doctor Emilio E. Bacigaluppi), consideran que lo importante es "no centrarse sólo en combatir la inflamación, sino en tratar enfermedad en sí misma. Y esa enfermedad es una reacción anormal, exagerada, a sustancias habitualmente inocuas o que no son nocivas para el resto de la gente, e implica enfrentarse a una compleja interacción entre la herencia, el aspecto ambiental, la alimentación y, en menor medida, las emociones".
Cuando los Bacigaluppi dicen enfáticamente que combatir la inflamación no soluciona el problema de fondo, dirigen sus críticas hacia los corticosteroides. "Somos contrarios a su utilización, a excepción de casos muy severos-aseguran-. Como decimos en nuestro libro («¿La alergia y el asma se curan? De usted depende...», Ed. Akadia), las enfermedades son crónicas no por su irreversibilidad, sino por su duración. Y, en el caso de los corticoides, ¿los vamos a utilizar por años? No es nuestro criterio, ya que producen reacciones severas, tanto en forma inyectable como oral y si bien la industria se inclinó hacia los de uso tópico, como cremas o aerosoles, con menor efecto sistémico, nosotros y otros colegas creemos que usados durante años de todos modos se absorberán por el organismo."
Los especialistas mencionan que especialmente entre los niños -pero también frente al uso sostenido en adultos- algunos de los efectos de los corticoides son trastornos de crecimiento en estatura, aumento del vello, trastornos en la cicatrización de las heridas, aumento de la presión ocular (glaucoma) y las cataratas, incremento del riesgo de fracturas óseas por disminución de la densidad mineral y del riesgo de insuficiencia suprarrenal, que puede ser mortal.
"El organismo fabrica sus propios corticoides -dicen los Bacigaluppi-, que son antiinflamatorios naturales. Ningún corticoide cura, sólo controlan. Si los vivimos dando desde afuera el organismo interpreta que no debe fabricarlos más y en una situación de emergencia, como una gran fractura o una cirugía, puede entrar en insuficiencia."
Un mundo de alérgicos
Jorge Federico Bacigaluppi dice que todos los aspectos que inciden en la intrincada malla de la alergia están en aumento y que la genética posiblemente no produzca grandes novedades pronto, dada la heterogénea distribución de los genes que condicionan el problema.
"A nivel ambiental, vamos de mal en peor -reflexiona-. Hay mucha más contaminación, se respira peor, se come peor... De la parte emocional, vivimos sobrecargados de exigencias. Pero, además, existe otra teoría que busca explicar por qué la alergia ha aumentado tanto en las ciudades. Se llama «teoría higiénica»: la excesiva pulcritud de nuestro estilo de vida, la preocupación por los contaminantes, la vacunación masiva en la infancia, que si bien es un gran avance desde el punto de vista infectológico evita que los niños tengan contacto con esos primeros gérmenes, todos estos elementos podrían contribuir a la mayor presencia de alergias, que ya ocurren en el 25% de la población."
Aprender la tolerancia
Los doctores Bacigaluppi afirman que ellos aplican inmunoterapia o vacunas con alergenos (las mismas sustancias que generan reacciones) y así logran "atacar la causa de la enfermedad, no sólo los síntomas".
La tarea está basada en la escucha atenta del especialista, que debe elaborar una completa historia clínica y hacer pruebas y contrapruebas para determinar si es y a qué es alérgico el paciente, y, luego, proponer un tratamiento.
Junto con el control ambiental (por ejemplo, evitar los alergenos en los dormitorios y en los lugares donde mayor tiempo se pasa) y una mejor elección de los alimentos (la mayor parte de las alergias que se expresan en la piel son de origen alimentario), los especialistas aseguran que la adherencia a los tratamientos depende en buena parte de la fácil administración de los fármacos (muchos son de única dosis diaria y vienen por vía oral, en lugar de ser aerosoles) y, en cuanto a las vacunas, ya no son inyectables ni se aplican varias veces por semana, sino que el mismo paciente las ingiere por vía sublingual una vez a la semana o cada 14 días y las guarda en la heladera de su casa.
"La duración mínima de la inmunoterapia es de dos años, y se suele prolongar hasta los cinco -afirman-. Para que la enfermedad se desvíe de su evolución natural, tenemos que

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